El sexenio de Ernesto Zedillo
El ex presidente mexicano y los intelectuales orgánicos han
cultivado la leyenda de que se encuentra alejado de las grandes decisiones
nacionales, y de que desempeñó un papel fundamental en la democratización del
país y en la instauración de un estado de derecho. Él mismo lo ha dicho como
defensa a raíz de que fue acusado en Estados Unidos. Como mandatario, Zedillo
construyó un entramado institucional para construir un poder transexenal que le
ha sido enormemente eficaz. Con discreción, sin tener que pagar los costos de
una injerencia política directa, influye en aspectos centrales de la política
nacional.
Para realizar este cambio constitucional contó con el voto
del PAN. Uno de sus resultados netos fue que dejó fuera a nueve ministros que
había nombrado el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. El proyecto
neoliberal en México contó, a partir de ese momento, con un blindaje jurídico.
Quien osara realizar cambios legales que amenazaran los pilares del libre
mercado, debían pasar por la aduana que define, en última instancia, su
constitucionalidad.
Hoy, aún ejercen cuatro ministros nombrados durante el sexenio
zedillista y el próximo presidente iniciará su mandato con dos de ellos, que
permanecen desde enero de 1994. No sólo obtuvo el control político del Poder
Judicial, también creó tres órganos reguladores con un diseño institucional
que, en lugar de propiciar la competencia, fortaleció a los monopolios. El
Ejecutivo le amarró las manos al PRI y en la bancada de este partido se hizo lo
que el equipo de Los Pinos ordenó, pero los panistas y los perredistas sí
tuvieron voz, sus propuestas fueron votadas favorablemente y vetaron a quienes
consideraban cercanos al PRI. «La diputación obrera, encabezada por José
Ramírez Gamero, expresó no sentirse identificada con José Woldenberg, Mauricio
Merino ni Jaqueline Peschard, quienes fueron impulsados por el tricolor en las
negociaciones de Bucareli» .
En los hechos, el presidente contribuyó a debilitar a su
partido. De nueva cuenta fueron los presidentes de PAN y PRD, junto con el
equipo de Los Pinos, quienes se pusieron de acuerdo para elegir a los siete
magistrados que lo integrarían. Con una vigencia de diez años, este órgano
constitucional trascendió el sexenio y fueron los miembros electos en 1996 los
que calificaron la elección de 2006.
Con esas acciones consolidó un conjunto de relaciones con
empresas trasnacionales que, al término de su mandato, le permitió integrarse a
laborar con firmas que se vieron beneficiadas con sus decisiones. EZPL
construyó un complejo entramado de relaciones trasnacionales que le ha
permitido ser, tal vez, el personaje político mexicano que mayor reconocimiento
en el sector empresarial internacional. Además de ser profesor, es director del
Centro para el Estudio de la Globalización en Yale, consejero asesor en la
Initiative for Policy Dialogue de la universidad de Columbia. Lo cierto es que
en la reciente sesión anual del Foro Económico Global, tanto Felipe Calderón
como Enrique Peña estaban deseosos de tomarse la foto con Zedilllo.
Sin duda, la cercanía con EZPL da prestigio y es la llave
que abre o cierra el mar de relaciones de poder trasnacional que ha construido
quien se ha convertido, para unos, en un talibán del neoliberalismo para otros,
en un prestigiado global speaker. La pieza faltante del rompecabezas zedillista
ha sido encontrada tras la investigación que desarrolló el periodista Jenaro
Villamil, en la cual documenta tanto la intervención de Zedillo en el proceso
de restructuración de la deuda de Televisa como los movimientos para que Emilio
Azcárraga Jean tomara el control de la empresa. El elemento complementario de la
red de poder en el ámbito de la comunicación política son las encuestadoras. El
equipo de Zedillo controla las principales encuestadoras y una más está
asociada a Televisa, su aliado mediático.
El último elemento de este entramado son los llamados intelectuales
orgánicos. Su tarea es acreditar y defender el papel de la encuesta como un
instrumento que orienta las preferencias electorales. Ningún candidato a la
Presidencia se atreve a desacreditar las encuestas ni a sus voceros. Para ver
el alcance de esta pieza mediático-electoral, hay que recordar la función que
GEA-ISA desempeñó en 2006.
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