
"ENRIQUE PEÑA NIETO"
Política externa:
Ante su escasa experiencia en la materia, elegirá un secretario de Relaciones Exteriores
con una extensa trayectoria.
El virtual presidente electo de México por el Partido Revolucionario Institucional, Enrique
Peña Nieto expresa en su libro “México, la gran esperanza” que ha habido un gran deterioro
en la política exterior mexicana, que el país debe recuperar su liderazgo mundial y hace
énfasis en utilizar la política exterior como una herramienta para el desarrollo económico.
En el capítulo que habla sobre “México, actor global”, enumera siete áreas de acción
estratégicas: impulsar una mejor integración con la región de América del Norte; fortalecer
la cooperación con Centroamérica y el Caribe; recuperar la interlocución efectiva con
América del Sur; consolidación como potencia cultural iberoamericana; consolidar la alianza
con Asia-Pacífico; impulsar un multilateralismo efectivo y dinamizar y profundizar la relación
con la Unión Europea (UE).
Cabe señalar que el PRI ha tenido la tradición de llevar a cabo una política exterior
principista, apoyar estrechamente a Cuba y a otras causas del tercer mundo, esto para
aplacar a la izquierda mexicana, mientras se aplican medidas de libre mercado. Sin
embargo, el mundo ha cambiado, Peña Nieto y sus principales asesores en política exterior
lo saben, por lo que el Presidente electo adoptará una política exterior pragmática, más
proactiva y moderna, basada en las nuevas realidades, orientada en objetivos económicos.
Esta política incluye tener una relación muy estrecha con Estados Unidos, pero los temas
centrales sobre el combate al narcotráfico y seguridad no serán exclusivos, existen otros
como impulsar y ampliar una mejor integración regional sin copiar modelos como el de la
UE para competir con Asia (China), inversión, comercio, migración, aguas internacionales,
medio ambiente, desarrollo fronterizo y energético, infraestructura, incluyendo la inversión
privada en la empresa petrolera mexicana Pemex. Otra de las prioridades de Peña Nieto
será el fortalecimiento de la cooperación con Centroamérica, sobre todo para enfrentar de
manera eficaz al crimen organizado trasnacional que ha mermado las nacientes
instituciones de los países centroamericanos y ha provocado inestabilidad.
Otro tema será la cooperación en migración laboral para proteger los derechos humanos de
los migrantes centroamericanos, ya que miles de ellos han muerto en territorio mexicano,
por ello, es necesario el apoyo del país para lograr el desarrollo económico y fortalecimiento
de las instituciones en dichos países y lograr tener fronteras más seguras.
Ante el predominio de Asia-Pacífico, principalmente de China, el Presidente electo
profundizará la relación con China buscando oportunidades reales de comercio, inversión y
turismo.
Asimismo, impulsará la participación mexicana en la Alianza del Pacífico. Incluso, Peña
Nieto ya recibió la invitación del presidente de la República Popular China, Hu Jintao, para
visitar su país. Ante su escasa experiencia en la materia, Peña Nieto elegirá un secretario
de Relaciones Exteriores con una extensa experiencia en política exterior y conexiones en
Washington, Europa y Asia, entre los posibles se encuentran: Jorge Montaño, ex embajador
en Washington; Juan José Bremer, ex embajador en Washington, Londres y Moscú; Pedro
Aspe, ex secretario de Finanzas; Emilio Lozoya, coordinador internacional del Presidente
electo y Beatriz Paredes, ex presidenta del PRI.
Política interna:
Economía y sociedad:
A mediados de octubre de 2017, el laboratorio de ideas estadounidense Pew Research
Center difundió los resultados de su encuesta realizada la primavera de este año a cerca de
42 mil encuestados en 38 países alrededor del mundo sobre el estado del apoyo entre la
opinión pública a la democracia. De esta manera, el Pew Research Center hizo eco de la
preocupación que ya en enero de 2015, el estudioso de la democracia en la Universidad de
Stanford, Larry Diamond, expresó al señalar la aparición de una “recesión democrática” en
el mundo que ponía en peligro los logros obtenidos durante la tercera ola de
democratización de los 90.1 Pese a las sospechas iniciales, el Pew Research Center
encontró que el sistema de democracia representativa aún contaba con un amplio respaldo
en la mayoría de los países, aunque el público entretenía otras posibilidades como la
democracia directa o el gobierno en manos de expertos en regiones menos opulentas o
educadas.2 En México, la encuesta dibuja una opinión pública “menos comprometida” con
la democracia representativa, profundamente insatisfecha con el funcionamiento de la
democracia, poca confianza en su gobierno, decididamente anti-autocrático, pero tentado
por la tecnocracia.3 Como si la frustración con el sistema político en México de cara al 2018
necesitara más evidencia, el Instituto Nacional Electoral (INE) registró 86 candidaturas
independientes al cierre de su convocatoria.
Para la gran mayoría de las personas que habrán de decidir el destino del país en el 2018 a
través de su voto, los resultados de la encuesta sólo pueden continuar alentando el encono
actual. Un encono que constantemente es atizado por “la nostalgia de la virtud” que domina
el depresivo diagnóstico de la comentocracia mexicana. Esa clase intelectual que durante la
última década ha promovido el incesante combate ciudadano de molinos de viento
sustentado por la hipótesis de una carencia atávica de moralidad cívica que nos hace el
país del “todavía”.4 Como producto de esta pobreza referencial, presenciamos cruzadas
coléricas y voluntaristas dirimidas en la corte de la opinión pública y que nos ciegan a las
condiciones materiales e institucionales de la incivilidad que ha caracterizado al país a
través de esta prolongada y frustrante transición democrática. Así, de cara al proceso
electoral de 2018, las y los votantes se encuentran atrapados entre quimeras y realidades.
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